jueves, 8 de diciembre de 2011

Amén.



"¿Es el hombre sólo un fallo de Dios, o Dios sólo un fallo del hombre?"

Llevo tiempo sin escribir, y es por ello que hoy vuelvo por todo lo alto: con una entrada cuanto menos discutible y controvertida… porque hablar sobre religión nunca es fácil. Aún así intentaré tratar este tema desde el respeto. Además quiero dejar claro desde YA que lo que deje aquí escrito solo serán opiniones personales.

Yo no soy creyente, no creo en Dios. Sin embargo, admito que puedo estar equivocada. Quizás sea una ilusa que por su poca fe esté condenando su alma a un fuego eterno. Tal vez sí, o tal vez no. Respeto la creencia de cada uno respecto a esta cuestión. Eso sí, si hay algo que jamás podré respetar al 100% de la religión es la institución que supone la Iglesia católica. Para decirlo finamente: me parecen unos mangantes que luchan por el control de la sociedad a través de una “compra/venta” de almas. Dicho de otra manera, lo que la iglesia te diría sería lo siguiente: dedica tu vida a nosotros, y entonces IGUAL te garantizamos la salvación cuando mueras. Eso sí, tú no eres libre para interpretar la biblia, nosotros te la damos masticada tomándonos sus metáforas de forma literal, y allá te las apañes tú.

Queridos católicos, yo respeto vuestra fe, pero por Dios (válgase la redundancia), ¡no os dejéis controlar! Somos libres para interpretar, para tener fe en lo queramos. ¿Por qué permitimos ese control tan absoluto sobre nuestra libre interpretación de la biblia y diversos hechos históricos? Tal vez sea porque saben que si la interpretáramos por nosotros mismos las ¾ partes de lo que nos cuentan en misa no cuadrarían con nuestras interpretaciones personales.

¿Sabéis lo curioso de todo esto? Que no, yo no creo en vuestro Dios, ni creo en vuestro Jesús. Lo que yo creo es que el Dios de los cristianos es el mismo que Buda, el mismo que Hades o Afrodita… incluso el mismo que Alá. Lo que ocurre es que el ser humano es inteligente, y ha tergiversado a esa entidad a lo largo de los tiempos según su conveniencia, poniéndoles distintos nombres y cambiando las reglas morales de esas religiones de acuerdo a las diversas normas éticas de cada sociedad y cada tiempo. Eso sí, siempre con el mismo objetivo: el del control poblacional. Porque ¿qué es lo que más teme el hombre? Aquello que sabe que existe, pero que no puede ver. No hay mayor temor que sentir que algo desconocido controla tu destino. Y una de las pruebas que corrobora lo que acabo de decir sobre el control social es, por ejemplo, que incluso la divinidad de Cristo fue sometida a debate en su momento. Hasta entonces Jesús no había sido más que un profeta, y de la noche a la mañana pasó de ser un hombre normal, a ser el hijo de Dios.

Otra cosa que no me gusta de la iglesia es ese carácter anticuado y absolutamente retrógrado que parece impregnarla en su conjunto. Manda narices que todavía no hace muchos años el Papa tuviera que pedir perdón por todas las muertes causadas por esta misma institución a científicos del todo el mundo. Tal vez tengamos suerte y dentro de un par de siglos otro nuevo Papa salga al balcón con sus vestimentas de miles de euros, y se disculpe por no haber estado hoy a favor de llevar preservativos a África, o por haber dejado de lado a la mujer dentro de su Iglesia. Que lleva un retraso de unos cuantos siglos, no es una novedad. Y el problema no sería tan grave si no fuera porque la mitad de la población va tras ella, acatando todo lo que dice como si fuera la única verdad.

Hoy no puedo pedir rebeldía, porque una simple opinión no puede competir contra la fe de millones de personas. Y ¿sabéis qué? Aunque pudiera hacer algo, no lo haría, porque considero que para muchas personas sus creencias son lo único que mueve su mundo y que las impulsa a seguir adelante. Creed, tened fe: eso es bueno. Pero nunca, NUNCA, dejéis que decidan por vosotros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario